Estallido de misil nuclear en planta rusa reafirma peligrosa carrera armamentista en el planeta

Publicado: 2019-07-21   Clicks: 321

      Geopolítica de Rusia

      Al mejor estilo ruso, propio de las enigmáticas épocas zaristas y soviéticas, la noticia de la reciente explosión nuclear en la base militar de pruebas nucleares  en la ciudad de Severodvinsk, ubicada en el extremo norte de Rusia llegó lentamente, a las redacciones de los medios de comunicación internacionales.

     A cuentagotas, como si aún se tratara del opresor régimen soviético, primero expidieron lacónicos boletines en los medios estatales, según los cuales, por lo menos dos personas murieron en un misterioso accidente en una instalación militar del más alto perfil para la seguridad nacional y la proyección geopolítica del Kremlin.

     Luego circuló la noticia del existente aumento de radiación en el área afectada, al mismo tiempo que se informó, que las imágenes relativas a la preocupante noticia, mostraban a médicos protegidos con trajes de materiales especiales para tratar materiales peligrosos, mientras atendían a las víctimas de la tragedia.

      Finalmente y tal vez por la presión interna y externa, el 13 de agosto de 2019, es decir cinco días después de que ocurriera la explosión, con la afirmación del portavoz de Putin "Desafortunadamente, los accidentes suceden", el Kremlin confirmó que cinco científicos nucleares, y por lo menos otras  dos personas habían muerto, mientras probaban una de las armas más nuevas en el arsenal nuclear, del que tanto se jacta  el presidente Vladimir Putin, cada vez que tiene la oportunidad de hacerlo en público, ante audiencias internacionales.

      Esta afirmación del mensajero de Putin resultó ser la crónica de una tragedia anunciada, puesto que expertos y negociadores en temas nucleares, percibían que este tipo de accidentes podrían suceder., máxime desde cuando Putin anunció al mundo durante su discurso sobre el estado de la nación el año 2018, que Rusia tenía un nuevo tipo de misil nuclear, e inclusive ilustró su tono amenazante, con una animación interactiva de un cohete nuclear que estallaba en el Estado de Florida. Los especialistas en misiles de crucero con armas nucleares y drones submarinos llenos de materiales radiactivos, saben muy bien de las complejidades y los peligros que se desprenden de construir este tipo de arsenales.

      No obstante, los exóticos sistemas balísticos nucleares de los que Putin ha estado hablando públicamente son una realidad en prospección de la cual se sobreentiende que el Pentágono y la Casa Blanca ya tomaron atenta nota, y aunque por ahora no está corroborado que existan en poder de Moscú, la lección que deja la accidental explosión en Rusia,  puede dar como resultado,  que la misma Rusia, Estados Unidos o China, puedan perseguir la fabricación de tales armas sin violar ninguno de los pactos internacionales vigentes.

      La principal razón para esta posibilidad, es que en los últimos años, los tratados que respaldan la seguridad del mundo se han desmoronado de manera simultánea con el deterioro de los lazos diplomáticos entre Rusia y  las naciones occidentales.

      Después de acusar a Rusia de desplegar armas prohibidas durante años, coincidencialmente una semana antes de que ocurriera el accidente nuclear en Rusia, es decir el 2 de agosto de 2019, Estados Unidos se retiró formalmente del tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF), firmado en 1987 para evitar el crecimiento de los arsenales de ambos países.

       A lo anterior se suma que un acuerdo de desarme nuclear aún más ambicioso vigente entre Estados Unidos y Rusia, conocido como por sus siglas en inglés como el New START, expirará en 2021, y a juzgar por las crecientes tensiones entre las dos potencias, no se vislumbran muchas esperanzas de que este sea renovado. Como es propio de la retórica rusa de la utilizar la amenaza indirecta mientras habla de paz directa, Putin dijo en junio de 2019, que el Kremlin estaría dispuesto a prolongar el tratado New START durante cinco años más hasta 2026. Pero John Bolton, el asesor de seguridad nacional del presidente Trump, ha dicho que es "improbable" que Estados Unidos se comprometa a alargar ese acuerdo.

     El resultado de esta realidad geopolítica que salta a la vista de expertos y neófitos, es que los seres humanos vivientes en esta época, coexistimos en un mundo con menos restricciones sobre las armas nucleares y con más Estados con capacidad para construirlas, o adquirirlas y usarlas. Dicho en otras palabras y parafraseando al diplomático estadounidense Gary Samore, quien participó activamente en la negociación el del New START, hay en curso una carrera armamentista cualitativa, más que cuantitativa, porque existen en los arsenales de las superpotencias, novedosas armas estratégicas en las que están trabajando Estados Unidos, Rusia y China, las cuales lastimosa y riesgosamente, no están sujetas a ningún tratado de control de armas.

       La explosión ocurrida el pasado 8 de agosto resalta el peligro de esa nueva realidad geopolítica y de seguridad mundial. La agencia estatal rusa de noticias Itar-Tass informó que la accidental explosión tan poderosa que era arrojó al Mar Blanco, a varios miembros del personal de Rosatom, la planta rusa de pruebas nucleares.

       Aunque todavía los científicos no han detectado saltos en los niveles de radiación fuera de Rusia, los funcionarios de la OTAN han expresado preocupación, porque el arma dañada puede contaminar el mar y representar un peligro para sus ciudadanos. Según los informes parciales y muy restringidos por el Kremlin, el poblado ruso más cercano al lugar de la explosión recibió la orden de evacuar el lunes 12 de agosto, pero al día siguiente, las autoridades locales dijeron que no se realizaría la evacuación.

       De la misma manera, el secreto en torno a la explosión en la base nuclear rusa, destaca otro hecho desagradable sobre la era de este tipo de armas, debido a que los gobernantes rusos, se resisten a admitir sus errores, cuando se trata de manejar su tecnología más peligrosa, con la circunstancia agravante, que el deseo de ocultar esos errores causa más daños mortales.

      A manera de ejemplo, después de la explosión en la planta de energía nuclear de Chernobyl ocurrida en 1986, las autoridades soviéticas esperaron varios días antes de evacuar el área, exponiendo a miles de sus conciudadanos, a los graves efectos derivados de los niveles extremos de radiación. Asimismo, en 2000 durante el primer año de la presidencia de Vladimir Putin, un submarino ruso conocido como Kursk se hundió en el mar de Barents. Los generales rusos estaban tan obsesionados con proteger los secretos nucleares de la nave accidentada, que rechazaron cualquier ayuda extranjera, que hubiera multiplicado el esfuerzo de rescate de la tripulación. Finalmente, se permitió a los buzos noruegos llegar al submarino, pero ya los 118 marineros a bordo estaban muertos.

       Ni los ciudadanos de Rusia, ni la opinión pública del resto del mundo conocen el alcance total del daño causado por la explosión de la semana pasada cerca de la ciudad de Severodvinsk. Por fuerza de las circunstancias y la consuetudinaria poca claridad del Kremlin frente al mundo exterior en todos los aspectos de geopolítica rusa, llevará tiempo conocer la verdad.

       Sin embargo, los detalles disponibles acerca de la explosión en Severodvinsk. son suficientes para entender que este accidente nuclear no fue simplemente un caso de mala suerte, si se tiene en cuenta que dada la velocidad a la que se acelera la actual carrera armamentista entre las tres superpotencias sin contar lo que puedan estar haciendo los Estados que también poseen este tipo de armas, y que las limitadas restricciones legales vigentes para construirlas se están desmoronando, parece casi inevitable la resurrección de todos los fantasmas de la guerra fría, pero esta vez con más actores incluidos y con objetivos geopolíticos y geoestratégicos mas definidos, pues no se trata simplemente de quien las tenga, sino de la seguridad del mundo y de la continuidad de la especie humana.

        Complejo panorama geopolítico mundial, enfrentará el próximo mandatario en la Casa Blanca, pues se da por descontado que sus poderosos adversarios chinos y rusos, no disminuirán ni la presión, ni las ambiciones ni los objetivos geoestratégicos trazados y sus planes expansivos en pleno desarrollo, apoyados precisamente en la latente amenaza de los arsenales nucleares y la presencia cooptativa, creciente en escenarios geopolíticos que la política exterior de Estados Unidos dejó en segundo plano, desde cuando Ronald Reagan salió de la presidencia y que ahora ocasionan crujir de dientes en Washington y los aliados de Estados Unidos. El tiempo lo dirá.

       Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

         Especialista en geopolítica, estrategia y defensa nacional, autor de 35 libros sobre estos temas

            www.luisvillamarin.com

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