Es necesario revisar estrategia contra terrorismo islámico

Publicado: 2016-01-20   Clicks: 203

     Análisis del terrroismo internacional

     El reciente ataque terrorista de una célula talibán contra estudiantes, docentes y funcionarios administrativos de una universidad en Pakistán, sumado a otros ocurridos en los últimos meses en diferentes puntos del globo terráqueo como París, San Bernardino, Nigeria, Burkina Faso, Libia, Siria, Irak, Turquía, Indonesia, Egipto, Yemen, Arabia Saudita, etc., con amenazas latentes para el resto de los países del orbe, auto-atribuidos a células islamistas de ISIS, Al Qaeda y los talibanes, pone sobre la mesa una realidad: La estrategia local y mundial contra el terrorismo islámico es insuficiente y quizás no sea la adecuada.

    Al no ser suficiente ni adecuada, implica que las Naciones Unidas, pasen de la retórica de las duras condenas, a la formulación de medidas concretas para que los países exportadores de terroristas y las mezquitas donde hay imames extremistas, sean sancionadas con el rigor de la ley, a la par con programas sociales y culturales de largo aliento, tendientes a evitar la proliferación de islamistas.

    A manera de ejemplo, la doble moral de arabia Saudita y Pakistán en el tratamiento de las células fundamentalistas, es una realidad que hace parte del problema en grado sumo, sin que se vislumbren pasos hacia la solución.

    Osama Bin Laden cayó en Pakistán, no porque estuviera en un refugio temporal a escondidas de los servicios de inteligencia pakistaníes, sino porque al contrario de esto, el jefe terrorista gozaba de la protección y complicidad del poderoso servicio de inteligencia pakistaní (ISI), y en contraste por conveniencia estratégica para llegar a él y para conocer los planes de los yihadistas talibanes o de al Qaeda en Pakistán y Afganistán, la CIA apoya financieramente a ISI, mientras la Casa Blanca y el Pentágono sostienen una hipócrita relación diplomática militar con quienes esconden y protegen a los cabecillas del terrorismo en esa región y de allí hacia el mundo.

    En medio de esa compleja alianza de conveniencias mutuas, sin objetivo incluyente compartido, las tropas de la coalición internacional de la OTAN han bombardeado y ejecutado cientos de operaciones aeroterrestres sobre el Valle de Warizistan en Pakistán, donde se presume está instalada la fuente de la agresión yihadista contra Pakistán y Afganistán.

    Aunque los resultados operacionales de estas incursiones totalizan elevadas bajas de terroristas, a diario brotan células talibanes o de Al Qaeda en otros escenarios, lo cual indicaría que no está equivocada la estrategia de atacar de manera contundente las sedes del terrorismo en Waziristan, sino que la actividad militar, policial, de seguridad nacional en cada país afectado, de inteligencia y de contraposición educativo-cultural al yihadismo, debe enfocarse en combatir su estrategia y no solo a sus redes.

    Desde hace muchos siglos los estudiosos de la guerra conceptuaron que es mas importante desarticular la estrategia del adversario, que destruir sus estructuras, máxima que tomó mas fuerza en la medida que las agrupaciones terroristas han perfeccionado las acciones asimétrica, la guerra de guerrillas, el terrorismo puro con objetivos político estratégicos, y la facilidad de camuflarse en actividades diarias normales, mientras desde la clandestinidad conspiran contra sus odiados enemigos ideológicos.

     Se trae a colación el tema de los bombardeos en Waziristan donde también se efectúan operaciones aeroterrestres contra objetivos de alto valor, porque a pesar de la dimensión de la agresión de Isis como lo corroboran los permanentes actos terroristas en diferentes puntos del mapamundi, ni en Libia ni en Siria, ni en Irak, han dado resultados estratégicos definitivos, los intensos bombardeos aéreos de la coalición apoyados por milicias locales dirigidas por los servicios secretos de Occidente y el reino saudita.

    Son muchos los factores que inciden en esta situación, derivados de intereses geopolíticos de las potencias mundiales, del pulso religioso-ideológico-político y económico de Irán y Arabia Saudita, de las ambiciones regionales de Turquía, Egipto, Israel, Irán, etc, de las diferencias inmanejables entre chiitas y sunitas, de la doble moral rusa y china, de la descarada expoliación de recursos de los países occidentales a ese entorno geoestratégico, del crecimiento geopolítico de las naciones del Caúcaso, del ansia independentista kurda, etc, etc.

    El asunto se torna más grave y más complejo, porque en contraste con todas esas diferencias ideológicas, políticas, geoestratégicas, culturales  o geopolíticas, el terrorismo islámico sigue intacto y con proyección a crecer con miras a atacar a todos estos enemigos suyos que a al vez son enemigos entre sí.

    Para el efecto cuentan con áreas de entrenamiento muy sólidas en Pakistán, Siria, Nigeria, Yemen, Mali, Libia y Túnez, enlazadas con células diseminadas por el planeta, muchas de ellas entrenadas por Al Qaeda en Afganistán antes de la invasión aliada en 2002 y otras que se reciclan de manera permanente.

    Con el fin de ganar más adeptos, que por desgracia los hay en muchas partes del mundo asi no sean musulmanes originales, ISIS, Al Qaeda, y los talibán han recurrido a la tecnología, a lso contactos con terroristas comunistas o separatistas, con desmovilizados de estos grupos, con traficantes de drogas, armas, lavado de dinero, redes de prostitución y juegos ilegales, falsificadores de documentos, funcionarios corruptos de inmigración en muchos países, pacifistas y defensores de derechos humanos que parecieran no ver la realidad, etc, etc. Y en esencia han logrado el cometido.

    Dadas las anteriores realidades, urge para los países amenazados por la realidad de la agresión yihadista, replantear los alcances de la estrategia de combate, partiendo por reconocer que hay en curso una guerra real con todas las connotaciones de una acción revolucionaria terrorista integral y total. Que no se trata de un simple problema de seguridad policial, sino de un fenómeno ágil y andante, que por sus connotaciones y por la multiplicidad de intereses geopolíticos y geoestratégicos en  juego, puede desencadenar una guerra internacional de insospechados resultados.

     Todo esto porque la estrategia de lucha contra el terrorismo islámico es insuficiente y a la postre inadecuada. Por ende, es necesario revisar la estrategia para contrarrestarlo.

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

Analista de asuntos estratégicos

www.luisvillamarin.com

 

 

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