No habrá avances concretos tras la cumbre Trump-Kim Jung-Um en Singapur-Reflexiones geopolíticas

Publicado: 2018-06-11   Clicks: 436

     Geopolítica internacional

     Es improbable que además de la foto y la categorización de evento histórico similar a la visita de George Bush padre en 1972 a Pekín, es improbable que de la cumbre Trump- Kim Jung-Um en Singapur, produzca efectos significativos en la balanza de pesos y contrapesos de las grandes potencias y en relación específica con el futuro del armamentismo nuclear del  férreo régimen comunista norcoreano, al que durante décadas la Casa Blanca ha denominado “estado paria”

     Por la lógica y la dinámica de los acontecimientos que anteceden a este encuentro, es de suponer que no habrá avances significativos en las aspiraciones de la Casa Blanca de conminar a Kim Jung-Um a suspender programas de guerra nuclear, y menos en el deseo idealista de los pacifistas, inclusive muchos demócratas estadounidenses que solo ven a Trump como un enemigo propio y extienden a él ambiciones imperialistas y agresiones calculadas del Pentágono contra las “victimas” del resto del planeta, a los que se suman anti-yanquis que se dan silvestres en el planeta.

     Las razones para concluir que no habrá avances significativos van desde los intereses nacionales de cada uno de los dos Estados, la personalidad de los mandatarios, la proyección geopolítica de las potencias y los actores regionales, y la mima situación política interna de Estados Unidos, donde con defectos y virtudes el presidente Trump, ha ejercido un año de mandato, defendiéndose de los ataques de la Casa Clinton por medio de quienes ni superan haber perdió las elecciones presidenciales en 2016, ni haber perdido la poderosa influencia burocrática desde  altos cargos, ni haber podido sacar de la Casa Blanca a una persona que para colmo de males les da insumos para que lo ataquen con razón o sin ella, en un mundo donde la noticia inmediata pesa mucho en los imaginarios colectivos.

     En cuanto a los intereses nacionales de cada uno de los dos Estados, es claro que para Estados Unidos lo importante es lograr que Corea del Norte se comprometa de manera verificable y medible a suspender el programa nuclear, y para Corea del Norte, lo importante es que en apariencia su gobierno sale voluntariamente del ostracismo auto-impuesto para negociar de igual a igual con el odiado enemigo capitalista, con  miras a perpetuar la dictadura hereditaria en Pyonyang.

      En cuanto a las personalidades de los dos mandatarios, coinciden la vanidad infinita y el deseo de ser figuras con categoría de  epicentro en el orbe. Cada uno está convencido que encarna el alma de sus respectivas naciones, que sus frases y asertos son palabra irrefutable, y que desde luego la razón está de su lado. También coinciden en que ambos necesitan de esta cumbre para mejorar su imagen interna y en el caso específico de Trump para bajar la temperatura a las presiones que le agobian por parte de quienes quieren verlo fuera de la Casa Blanca y destruido personal y políticamente.

      A las anteriores condiciones del ambiente operacional de la reunión en Singapur, se suman las más importantes y desde la óptica de las ciencias políticas y sociales, las verdaderas razones por las cuales es improbable que Corea del Norte y Estados Unidos puedan avanzar hacia un acuerdo de desnuclearización, la paz en la región del suroriente asiático, y desde la óptica general, hacia la paz en el planeta consentida por todas las superpotencias.

     No es un secreto que China expone sus pretensiones geopolíticas regionales y mundiales por medio de las palabras y las actuaciones de Kim Jung-Um. Con la táctica de sacar la brasa con mano ajena, Pekín aparenta apoyar sanciones al régimen norcoreano  y supuestamente cumplir los mandatos del Consejo de Seguridad de la ONU, pero por debajo de la mesa le facilita flujos financieros para sostener el régimen, asesoría militar, transferencia tecnológica, retiro de controles para facilitar el contrabando y lo más obvio fortalecimiento de la línea ideológica marxista, para negociar con base en la dilatación y la “actitud de víctima del imperialismo yanqui”.

Debido a la guerra económica que se desató de manera cada vez menos silenciosa entre Washington y Pekin, sumada a la ambición geoestratégica china de robar mar a sus vecinos para construir bases militares sobre islas artificiales y el descarado espionaje industrial contra los países occidentales encabezados por Estados Unidos, es obvio deducir que para el gobierno chino esta cumbre Trump- Kim Jung-Um es una oportunidad para presionar cambios en la política comercial estadounidense hacia China antes que hacia Corea del Norte.

      Entretanto, Rusia sigue como en las épocas más tensas de la guerra fría, moviendo hilos subrepticios de espionaje, apoyo a regímenes anti-yankis, asesoría política e ideológica, y  tecnología militar a Corea del Norte, además de estimularla para que estreche lazos de todo tipo con la dictadura de Bashar Al Assad en Siria.

     En síntesis la visión geopolítica expansiva a lo largo y ancho del planeta que fue luz guía de la antigua Unión Soviética, es ahora el derrotero que quiere poner Putin a la nueva Rusia imperial y agresiva. Por su parte China mantiene en Corea del Norte al más importante as geopolítico y geoestratégico contra los intereses de Estados Unidos en el sudeste pacífico.

      Igualmente, es de suponer y esto solo se sabrá con el paso de los años cuando se desclasifiquen los documentos de esta reunión, que antes de hablar de suspender programas nucleares Corea del Norte pedirá lo divino y lo humano a cambio, sin comprometerse a ceder en nada, exigiendo que sea Estados Unidos el que ceda. Y si da el paso para tolerar alguna inspección de la ONU a sus instalaciones atómicas, será el producto de una estrategia calculada y coordinada con China, para posicionar fuerte al régimen dictatorial de Pyongyang, favorecer a la China y ganar una batalla estratégica a Washington.

      Obviamente, que esto es de elemental análisis por parte de los asesores de Trump, de quien se espera una actitud frentera para demostrar a su país y al mundo que está dispuesto a negociar pero también a la guerra, sin que esto pase por ahora de ser una arrogancia y una imposibilidad debido a que es allí, donde están mejor posicionados desde hace 70 años, los dos enemigos más poderosos de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.

     En conclusión, no habrá avances concretos para la desnuclearización de Corea del Norte, al cabo de esta reunión, ni la Casa Clinton cesará los continuos y articulados ataque por todos los medios contra Trump, pero tampoco y esto es obvio, Trump dejará de actuar como lo ha hecho desde hace 17 meses en la Casa Blanca, pues pese a lo que digan y hagan sus contradictores, Donald Trump está convencido que hace lo que para él y su reelección es correcto. Y muchas de sus actitudes seguirán siendo insumos para que lo ataquen sus enconados contradictores.

      Vistas las cosas de esa manera, no cabe duda, que en medio de egos, intereses nacionales de los dos Estados comprometidos y vaivenes geopolíticos mundiales y regionales, la paz entre las dos Coreas, la seguridad del Japón y las relaciones sensatas entre Rusia y Estados Unidos asi como las de China y Estados Unidos, son por ahora y quizás por mucho tiempo, temas de ficción que aún no encajan dentro de una geopolítica real , auténtica y sensata entre las tres superpotencias.

 

     Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

     Presidente Centro de Geopolítica Colombia

      www.luisvillamarin.com

Luis Alberto Villamarin PulidoEl coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es espcialista en temas de geopolítica, estrategia y defensa nacional sobre los cuales ha escrito 33 libros y mas de 1500 artículos.

 

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